miércoles, 5 de diciembre de 2007

La aventura progresista. Episodio III.

Ya hemos hablado de Marx, Lenin y Rosa Luxemburgo. Hablemos del cuarto pilar del marxismo clásico: Gramsci.
Según el determinismo marxista y el pensamiento materialista, el capitalismo de los burgueses llevaría a la I Guerra Mundial, el proletariado se uniría y alcanzaría el poder, la dictadura del proletariado en la sociedad sin clases. Según la historia, el marxismo se equivocaba. Ni tenía que llegar, ni llegó.

Gramsci fue uno de los que se empezó a dar cuenta de los problemas de la teoría política del marxismo. La gente no es proletaria o burguesa, se hace. Si queremos triunfar hay que hacer que todos seamos marxistas. No por la fuerza como lo hizo Lenin y lo hará Stalin desde el poder, sino a través de la “conciencia” de clase. Lo importante no es ya la estructura material, las relaciones de producción, etc. Sino lo que la gente piensa, la superestructura, la revolución marxista consiste en hacerles pensar que son marxistas.

A Gramsci se le suele llamar revisionario, pero no deja de ser marxista. La teoría marxista era llegar al poder material para crear una nueva sociedad; la nueva teoría es llegar al poder inmaterial, espiritual si se quiere, para crear una nueva sociedad. Más que una revisión, Gramsci propone una nueva estrategia. Es un estratega del marxismo, pero claro, dado el batacazo que se llevó el marxismo, es mejor buscarle otro nombre con otras connotaciones. El poder de los nombres. Nombres y adjetivos, la política y el lenguaje. Cómo me gusta.

Quizás Gramsci se dio cuenta de esto porque estuvo en la URSS y vio el terrorismo de Estado con el que Stalin creaba la nueva sociedad sin clases, aunque con nuevos poderosos y nuevos oprimidos, ¡qué contradicción! ¡Y luego era el capitalismo el que tenía contradicciones internas! En fin. ¡Hip, hip, hurra por las contradicciones! No se trata de un mundo nuevo y feliz, sino de poder una vez más. Seamos claros. El marxismo quiere el poder, no la felicidad. En el fondo es una teoría política, no una filosofía de vida.

De todas formas, Gramsci quedó en el olvido. Fue de los pocos que viajaron a la URSS, je, je… No fue un viaje de placer, sino que se vio obligado a escapar de su Italia natal cunado Mussolini marchó sobre Roma como tiempo atrás lo había hecho Julio César. Decía que se exilió en la URSS y se asustó, pero fue de los pocos, porque la mayoría de marxistas convencidos, los “tontos útiles” como les llamaba Lenin, cantaron las glorias del comunismo de Stalin. Y digo que se quedó en el olvido porque sus ideas no hicieron mella en los economistas marxistas que seguirían diciendo que las condiciones materiales de producción lo explican todo, no fuera a ser que los partidos obreros, comunistas y socialistas perdiesen sus votos de las masas y por tanto, el poder. Pero en cuanto a su estrategia de “hacer marxistas”, perdón, ahora se les tenía que llamar “comunistas” por eso del nombre; en cuanto a su idea de hacer comunistas, bueno mejor buscar otro nombre… ¿Adivinan cuál?… Socialistas ya estaba cogido; Marx había sido malo para el marxismo, por tanto Gramsci lo podía ser para la nueva vía política… Había que crear “progresistas”.

Al ver en lo que se había convertido la URSS, Gramsci no duda en volver a Italia, pero Mussolini tampoco duda en meter en la cárcel a un pensador. Supongo que no hace falta decir que Mussolini es el padre del fascismo, una teoría política totalitaria que bebe del militarismo, el sindicalismo y el socialismo… ¡Ups! No está bien visto decir estas cosas, sé me olvidaba. Otro día hablaremos del fascismo y líderes espirituales.

Una vez en la cárcel, a Gramsci le dio por escribir y allí escribió sus Cuadderni di Carcere. Los escribió con un lenguaje retorcido para que no se le entendiera con facilidad y así poder ser publicado. Buena estrategia. Lo que corrobora mi idea de que Gramsci era un gran estratega.

La idea de Gramsci ya dije cuál era. Lo importante es crear “marxistas”, perdón “comunistas”, perdón “progresistas”… Cada palabra tiene sus connotaciones… Crear progresistas. ¿Cómo? No mediante la fuerza, sino mediante la razón. Hay que conseguir que la gente piense que es “progresista”. Evidentemente se trata de un gran paso democrático. Se abandona la fuerza por la legitimidad de la razón. Lo malo de Gramsci y de sus “progresistas” es que sólo admitirán una razón, la suya… la verdad absoluta a la que aspiraban Platón y Sócrates... La verdad auténtica de San Agustín y la escolástica… ¡Otra gran contradicción! Se creyeron enemigos del cristianismo y anduvieron sus mismos pasos.

Como buen estratega sabía que para “crear” a los nuevos “progresistas” tenía que valerse de armas culturales: ganarse a los intelectuales, entrar en las universidades, ser el ambiente de los “cultos”, apropiarse de la religión y de la educación. En definitiva, adueñarse de los que mandaban en el mundo de las ideas. Una nueva conquista del poder. La “dictadura del proletariado” tendría que dejar de ser material y conquistar la espiritualidad.

Como buen marxista, Gramsci entendía que todo concepto tenía que definir a su enemigo para construirse como tal. Por tanto, el nuevo “progresista” tenía que tener un enemigo… occidente. Claro, no iba a ser su añorada URSS por muy mal que lo estuviera haciendo Stalin; tenía que ser el otro bloque. Es curioso que después de tantos años el “progresismo” siga anclado en las hojas de los cuadernos de Gramsci y casi ningún progre sepa quién fue el autor italiano.

Occidente es el malo, pero como nosotros somos occidentales, hay que buscar las causas de su mal. ¿Quiénes se oponen a nosotros? Los liberales, los conservadores y los católicos. Pues eso es occidente. Liberales que defienden la propiedad privada; conservadores que no quieren que nada cambie; y judeocristianos que se creen los amos de la moral de occidente. ¿Quiénes somos nosotros? Los progresistas, los que cambiaremos el mundo empezando por cambiar Occidente.


P.D. El próximo capítulo: más desconocidos.

La aventura progresista. Episodio II.

La I Guerra Mundial se estaba gestando desde finales del s. XIX y si sucedió en 1914 fue por casualidad, no porque en el siglo XX la gente fuese más cruel que en siglos pasados. De hecho, creo que si en el s. VIII hubiesen tenido las armas de las que hoy disponemos, no habría ética que las hubiese controlado y quizás estaríamos descansando con los dinosaurios. Pero hablemos de la I Guerra Mundial.
La guerra viene siendo un enfrentamiento entre dos bloques: Austria-Hngría, Prusia y Rusia por un lado y Francia e Inglaterra por otro. Quizás otro día hable más de esta Guerra, pero hoy sólo me interesa su relación con el marxismo-socialismo-progresismo.

El movimiento teórico político del marxismo lo tenía muy claro. El desarrollo del capitalismo provocaría el enfrentamiento entre los grandes Estados nacionales y la guerra era evidente, así que había que dejarla llegar. El “proletariado” de todo el mundo aprovecharía para combatir, no contra sus iguales, sino juntos como hermanos, miembros de una comunidad proletaria (que parecido al pensamiento cristiano, ¿verdad?) contra los empresarios capitalistas que los oprimían. Si alguien lo duda, que lea por ejemplo la famosa moción de Stuttgart de la II Internacional de 1907. No se trataba de paz, sino de otra guerra.

La Guerra
comienza en 1914 y los teóricos del marxismo ya saben lo que va a pasar… pero cuatro años más tarde, en 1917, resulta que la historia no estaba escrita en una ley. Los proletarios no eran una única “clase”. Permítanme decir que se estaban construyendo, pero no estaban construidos, lo que explica que las clases o las identidades no existen per se, si no porque las construimos. El determinismo se viene abajo. La historia se construye día a día y no responde a un planteamiento teórico. ¿Por qué? ¿Acaso la vida no es perfecta? ¿Se ha confundido la naturaleza o Dios? Más bien, se han vuelto a confundir las personas. El marxismo aseguraba que los “proletarios” se unirían, aunque en vez de creerlo, presionó para ello, no fueran a equivocarse. A lo mejor no presionaron lo suficiente y se equivocaron.
La “revolución roja” tuvo lugar en Rusia, aunque Marx en uno de sus ensayos había predicho que se daría en España y no fueron pocos los que lo intentaron por entonces. Pero esa es otra historia. Decía que la revolución roja se dio en Rusia de la mano de Lenin, Trotsky y Stalin, entre otros. Primero contra el Zar, luego contra el ejército blanco, después contra los mencheviques, después contra la vieja guardia bolchevique, etc.

En Alemania, Rosa Luxemburgo también lo intentó. Hermanos proletarios, uníos a la revolución, arriba los espartaquistas. Pero los hermanos proletarios no se unieron y los espartaquistas se vinieron abajo y Rosa Luxemburgo acabó en un canal.

¿Falló el determinismo marxista? Es evidente. Ni existe el determinismo, ni existen las identidades fuera de las personas. Nadie es proletario a no ser que se considere como tal. Nadie es proletario por estar oprimido por el sistema capitalista. Las identidades se construyen, no vienen construidas. El marxismo confió en su “verdad” sobre el mundo, pero el mundo le enseñó que no era “verdad” su “verdad”. Aún así, la teoría política del marxismo siguió jugando con sus ideas.

Antes de acabar, sólo dos cosas más. La primera es que Lenin, Rosa Luxemburgo y demás marxistas confiaron en la unión del proletariado, pero creyeron ser la voz y pensamiento únicos de eso que llamaban “proletarios” y resultó que existían más voces y más pensamientos. Qué lástima que los proletarios fueran personas y no robots o esclavos, debieron pensar. La segunda es que en la Guerra Mundial como en todas las guerras no se luchó por la patria como muchos piensan: la nación antes que la clase; pero esa es otra historia como ya apunté.


P.D. En el próximo episodio: Gramsci. Ese gran desconocido.

La aventura progresista. Episodio I.

Me han pedido que siga hablando de eso que se llama “progresismo” o “izquierda”. Quizás lo más fácil sea hablar un poco de su historia o de historias para dar después mi opinión.
Aunque para mí es obvio, hay que explicarlo. El progresismo no es marxismo. Je, je, je. O eso dicen “los progres”. Marx se equivocaba, no en todo, pero la izquierda de hoy ya no somos los marxistas de antes. Evidentemente, la aventrua progresista está anclada en el marxismo clásico.

Y perdonen que explique otra obviedad. El marxismo clásico no nace con Marx. Digamos que Marx sólo es un eslabón en la cadena, pero se convierte en el eje central de una teoría polítia que toma su nombre para crear una identidad propia. Las raíces de su pensamiento son muy antiguas, si me lo permiten ustedes, ya había marxistas en la Antigua Grecia, claro que recibían otro nombre porque Marx todavía no había nacido.

El marxismo clásico es determinismo. La naturaleza tiene establecida su propia ley y su propio destino. Los pobres se enfrentarán a los ricos. Lean cualquier tragedia griega y podrán entender lo que es el determinsmo mejor de lo que yo pueda expresarlo. El marxismo clásico es materialismo, es una teoría objetiva del valor, ¿qué es el valor? ¿cómo se mide? El marxismo clásico es dialéctica, conflicto, pero con una solución. El marxismo clásico es la teoría de la propiedad de los medios de producción como elemento de poder, la lucha de clases para alzarse con esos medios y alcanzar la dictadura del proletariado.

El marxismo clásico critica al capitalismo, el nuevo modelo económico que surge con las revoluciones liberales. Cuando las personas se libran de las ataduras de los gremios medievales y de las armas de las naciones, los nuevos Estados. El marxismo insiste en que el capitalismo es malo y voraz, es salvaje y a quienes genera pobreza, el proletariado, los acabará uniendo y acabarán con él. Proletarios del mundo, uníos.

Si no creo en el determinismo y sí en la capacidad de decisión de las personas; si no creo en el valor objetivo sino en la capacidad subjetiva, es decir, la capacidad que tienen las personas para valorar; si no creo en la única solución a los conflictos, sino en un amplio abanico de soluciones; si no creo que la propiedad es el único poder, sino uno de los muchos poderes que existen; si no creo que el capitalismo sea malo, sino las personas; si no creo en ninguna base del marxismo, ¿por qué voy a aceptar el progresismo? Sigamos con la historia.

El marxismo clásico tuvo repercusión en dos ámbitos políticos. El primero fue en el movimiento obrero y el segundo en el socialismo. En cuanto al primero le dio las claves para convertirse en una identidad colectiva y luchar por el poder. Pero no por las ideas políticas del marxismo, sino por su lógica de la creación de identidades. Y aunque me quieran hacer ver que marxismo y movimiento obrero son lo mismo, son dos cosas bien distintas. Y si se juntan es por la capacidad de las identidades de incluirse unas en otras, pero el movimiento obrero también está presente en el anarquismo, en el sindicalismo, en el nacionalismo, en el nacionalsocialismo, en el fascismo, en el franquismo, en el movimiento conservador e incluso en el pensamiento liberal.

En cuanto al socialismo y las ideas de vivir en comunidad de Blanc, Fourier, etc., las ideas políticas del marxismo le dieron un lenguaje político. Al fin y al cabo, el marxismo era el socialismo científico y no el utópico. Rosa Luxemburgo era partidaria de que los proletarios fueran aprendiendo este lenguaje, que estaban predestinados a ser los poderosos en una sociedad sin clases, como si tal cosa fuera posible; no fuera a ser que el tiempo les cogiese sin estar preparados y acabasen siendo los “oprimidos” de la “sociedad sin clases”. Vladimir Illich Ulianov también lo entendió muy bien y se convirtió en Lenin. El capitalismo hará que nos unamos y luchemos contra el capital, pero como va a tardar en hacerlo, adelante camaradas. Lenin quiso adelantarse al tiempo, no fuera a ser que el tiempo de la revolución nunca llegase. Y hubo un tercer bando, el del revisionismo de Gramsci y sus cartas desde su celda.


P.D. En el próximo episodio: marxismo y la I Guerra Mundial.

Vivienda protegida. Cuentos de hoy

Érase una vez que se era una líder política bienintencionada que quiso construir casas para todos. La gente le aplaudía por la calle y le daba las gracias. Qué buena es usted. Siempre aparecía alguno en el café que decía que los políticos no eran buenos, que tenían que hacer lo que tenían que hacer. Que la vivienda era un derecho y que el político sólo quería sacar votos. Y lo decía en masculino porque las mujeres en política no están para sacar votos, sino para traer el bien a la humanidad… je, je, je… En fin. La líder política tenía un plan y estaba dispuesta a desarrollarlo. La gente estaba con ella. ¡Vivienda protegida ya!
Antes de nada, diré que es falso que la gente quiera vivienda portegida. Lo que quiere la gente son viviendas baratas, o mejor dicho, que las pueda comprar sin hipotecar toda su vida. Imagínense una “vivienda protegida” al mismo precio que una “vivienda libre”. ¿A que nos da lo mismo la primera que la segunda? No se trata de política, sino de dinero.

No quiero una vivenda protegida porque no quiero deberle favores políticos a un gobierno. El gobierno me va a dar una casa, qué bueno es el gobierno. No, no y no. Me dicen que la patronal está con el gobierno y yo respondo que no puede ser de otra manera. El gobierno le está diciendo que le va a comprar casas que es lo que quiere la patronal. No hacer casas que la gente compre o deje de comprar a su capricho. Venderlas antes de hacerlas y aún encima sabiendo lo que se va a ingresar. El gobierno es un chollo y si la gente lo ve así, a lucrarse y todos tan felices. Los gobiernos tienen la solución. Para que la gente nos vote les daremos viviendas. Para darles viviendas compraremos casas. Y comprando casas mantenemos el sector de la construcción y así no hay crisis inmobiliaria. ¡Qué bueno es el gobierno! Además, si sigue la construcción, siguen las mismas empresas y los mismos sindicatos en el poder. Nada cambia y la gente está contenta. Creo que es una buena estrategia la de esta líder política. La gente la votará y ella saldrá en los periódicos. Lástima que no la comparta.

Si el precio de la vivienda es caro es por varios motivos. El primero se puede explicar desde la teoría del valor objetivo de Marx y de la economía de costes. Si la vivienda es cara de construir, tiene que ser cara de vender. El segundo se puede explicar por lo que llaman oferta y demanda. Como hay muchísima demanda, mucha gente que quiere una vivienda y la oferta es limitada, porque la construcción no es infinita, el precio se eleva.

La solución de los primeros sería reducir los costes, tanto de los productos utilizados en la construcción como en los salarios. Pero claro, cada vez se quieren casas de más calidad, ecológicas, etc. y los costes nunca se reducen. La solución de los segundos sería dejar de comprar durante un tiempo para que se reduzca el precio. Ja, ja, ja. Claro, como no se compran hoy, bajarán y se comprarán mañana y el precio volverá a subir. Ambas soluciones son circunstanciales pero no atajan el problema. Entonces llegan los padres del intervencionismo. Lo importante es que nadie se de cuenta del problema. Nosotros subvencionamos la reducción de costes de producción y salariales, subvencionamos la calidad, subvencionamos la demanda, subvencionamos la oferta. No hay problema. La gente tiene casas, las empresas construyen y nosotros recibimos aplausos.

Quizás lo mejor sea seguir dormidos en una vivienda protegida y no darnos cuenta de los problemas de fondo. Que el intervencionismo nos pille confesados, sobre todo a los que pecamos cuando pensamos en él.


P.D. (Para el nuevo feminismo) “Érase una vez que se era una líder”… y no digo “lídera” porque me suena fatal. Si quieren inventar palabras, háganlo, están en su derecho y yo no se lo voy a negar, pero no me obliguen a usar palabras que no existen en lugar de las que sí existen. “Érase una vez que se era una política bienintencionada”… Dado que el lenguaje se ha desarrollado de una forma y no de otra, decir una “política bienintencionada” significa en principio que es un “plan político a desarrollar, una política, una idea”; pero con el uso del idioma y no con su persecución, una “política bienintencionada” puede significar una señora que se dedica a la política. Política, palabra en femenino, no por cuestión de sexo, sino de evolución del lenguaje.

Del Progreso a “los progres”. Capítulo 4

La socialdemocracia, ese gran logro de la izquierda europea, el Estado de bienestar. Permítanme llamarla el “pensamiento único”. Sé que alguien se tirará de los pelos y dirá que estoy loco y que cómo se me ocurre decir tamaña tontería cuando todo el mundo sabe que el pensamiento único es… qué curioso que que el pensamiento único sea criticar al que critica a la izquierda. No acepto la teoría de que el neoliberalismo es el pensamiento único porque no he encontrado a mucha gente que sepa lo que es el neoliberalismo, ni que lo defienda. En cambio, casi la totalidad de la gente que conozco es socialdemócrata y defiende sus ideas con uñas y dientes si hace falta. Y por favor si quieren llamar a Blair o Aznar neoliberales, entonces digan que lo que quieren es cambiar el significado del liberalismo o usarlo políticamente, pero dense cuenta de lo que están diciendo. El PP y el PSOE son dos partidos políticos socialdemócratas convencidos, que cuando quieren hacen uso de tesis liberales y cuando no, no. ¿Alguno de ellos estaría dispuesto a reducir su poder, a vivir del dinero de sus asociados, a dejar que sus asociados hablen libremente? ¿Alguno estaría dispuesto a no existir? ¿Alguno estaría dispuesto a que la gente votase a la gente y no a los partidos? ¿Alguno rechazaría sus convenios con los bancos, con las grandes empresas, con los sindicatos? ¿Alguno rechazaría su control sobre los jueces? No. Y lo mismo ocurre con los demás partidos. Ninguno es ni por asomo un partido de corte liberal, que permita pensar y actuar a las personas; sino partidos socialdemócratas que quieren repartirse la tarta. Ni las televisiones públicas ni privadas, ni la radio, ni mucho menos los periodistas que se las dan de liberales porque les mola el término. No hay liberalismo. A lo mejor el “neoliberalismo” es lo que está construyendo la derecha socialdemócrata, pero me parece muy mal término, que puede mover votos, pero muy mal término. Por lo menos la izquierda tuvo la decencia de respetar al marxismo cuando creó la socialdemocracia, pero parece que la derecha ni siquiera va a respetar el pasado. Lo entiendo porque el juego político es así, pero me cabrea.
Disculpen porque iba a hablar de socialdemocraica y me he metido en otro barrizal.

Decía que la socialdemocracia es lo que tenemos y lo que se defiende hoy en día. El Estado dirige la economía y la política y quien quiera algo, que se busque amigos en el Gobierno. La socialdemocracia es el invento de los “progres”. Pero como ya dije, no creo que “los progres” lean a Savater o estudien lo que es la economía, como tampoco creo que los “progres” tengan un conocimiento ralativo de la historia, sino que crean en la autenticidad de lo que les han contado sus maestros. Creo que los “progres” son los que gustan de decir que leen el País y no leen El Mundo. Yo leo con asiduidad los dos y no se diferencian mucho. No hablan de política, sólo insultan al contrario. Los “progres” son los que defienden a la SER frente a la COPE, como si de una lucha de clases se tratase. Yo escucho a las dos y a Onda Cero y Radio Marca y no pasa nada. No salgo a la calle a manifestarme por lo que escucho en la radio. Socialdemocracia es alegrarse por escuchar que van a subir o bajar los impuestos, que se van a dar más o menos subvenciones y que se van crear puestos de trabajo. Socialdemocracia es que los demás decidan por mí porque yo no puedo decidir. Liberalismo es decidir por uno mismo, pero claro, a lo mejor a la gente no le gustan mis decisiones.

P.D. “¿Y qué pasa si decides matar a alguien? Eso lo acepta el liberalismo. No dices que defiende tanto la libertad…” Las reducciones al absurdo a veces resultan absurdas. Defender la libertad no es rechazar la política. Si decido matar a alguien, cosa que toda persona puede hacer sea cual sea el sistema político; tengo que saber que junto a mi libertad, existe la libertad de los demás y alguien me puede matar. Es la venganza que existe desde tiempos inmemorables y que las leyes de memoria histórica no podrán borrar. La venganza es una primitiva forma de la justicia, porque la justicia también existe a la par que la libertad y el poder. Soy libre de matar, pero responsable de una muerte y por tanto, tengo que hacerme cargo de lo que suponga dicha muerte. Si para vivir con los demás, que son mis iguales, he establecido un código, una ley, ésta decidirá cuál es mi castigo. El liberalismo no justifica la muerte, sino la responsabilidad de nuestros actos libres.

Del Progreso a “los progres”. Capítulo 3

Acabé ayer hablando del Estado de Bienestar, el gran logro de la socialdemocracia europea, el modelo político de la izquierda. La izquierda ya no es el marxismo, es la socialdemocracia.
Maticemos algunas ideas. Ya dije en otro artículo que la izquierda siempre está cambiando, está en su revolución permanente. Quiere dejar de ser lo que es para ser lo que tiene que ser. Pero hay un problema al que no suelen hacer caso. Recuerdo la célebre frase de El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “que todo cambie para que nada cambie”. Por mucho que la izquierda quiera cambiar no lo consigue porque suele dar giros de 360º.

El origen de “los progres” está en el marxismo y el futuro de los mismos, parece ser el mismo.

El marxismo clásico puede verse desde dos ángulos. En economía el capitalismo es malo y es necesario crear un Estado que planifique la economía; no a gusto de todos, sino del Estado, claro. En política, hay que conquistar de forma violenta el poder, generar la lucha de clases y la victoria proletaria. Hay dos vías. La natural que irá con el tiempo: que el proletariado, cuantiose en número y empobrecido, se lanzará contra los ricos y ocupará el poder; y la política: adelantarse en el tiempo y levantar la revolución.

El marxismo solía hacer filosofía con los términos de que la mala infraestructura, las malas condiciones de vida, movilizarían la conciencia de los proletarios, la superestructura, y éstos se convertirían en “clase”, lucharían contra los “poderosos” y acabarían ganando. Es curioso como el nacionalismo ha hecho suya la conciencia marxista: España no invierte en Cataluña, los catalanes se mentalizan de que España no les quiere, se convierten en la clase “catalana”, luchan contra España y acabaran ganando. Los marxistas querían la dictadura del proletariado y los nacionalistas la dictadura de “los catalanes”. Y traigo aquí el ejemplo del nacionalismo-marxista porque son muchos los que piensan que la izquierda es internacional y no nacionalista, pero en el fondo, el nacionalismo es protección y la izquierda también.

Una vez conquistado el poder, el marxismo propone la concienciación para legitimarse, como se haría con cualquier idea política. Pero históricamente no lo ha hecho a través de la razón y la discusión, sino a través de la fuerza. A través del Estado todopoderos que decide lo que hay que ver y lo que hay que leer. Proteger el marxismo.

Estas son las razones por las que el liberalismo y el marxismo son dos corrientes antagónicas. Porque el liberalismo no acepta la protección, es una ideología abierta, mientras que el marxismo no acepta la apertura, pues tiene miedo de no ser la “verdad absoluta”.

La izquierda europea, “los progres”, rechazan el marxismo. Incluso los que se consideran la izquierda real, los “comunistas” ya lo rechazaron cuando Carrillo y los italianos inventaron aquello del eurocomunismo, la democratización del comunismo. Rechazar la lucha de clases y la violencia, para introducir el comunismo en el debate político.

Rechazan el marxismo tanto en economía como en política. Pero no es un rechazo real, sino un “cambio para seguir siendo lo mismo”. Rechazan que el Estado planifique totalmente la economía. No creo que lo hagan por romper con el marxismo, sino porque el Estado y el Mercado son dos inventos humanos y ninguno puede existir sin el otro. El Estado no es más que la impersonalidad del poder y el Mercado la impersonalidad del intercambio y poder e intercambio existen porque somos personas. Ahora bien, la izquierda entiende que ya que no puede matar al Mercado, pero que tiene que dirigirlo. Es su deber moral. Es curioso que la izquierda critique a los neoconservadores por hacer una política de acuerdo a sus deberes morales y no se den cuenta de que ellos hacen lo mismo. Hay muchas cosas curiosas en el mundo de la política.

Decía que la izquierda rechaza el marxismo, pero no por ideas, sino por conveniencia. En el fondo sigue destilando marxismo, estado, control, poder. Se le cambió el nombre. Aunque unos se identificaron con el “comunismo”, la izquierda progre se identificó con la “socialdemocracia”.


P.D. El próximo día: algo más sobre la socialdemocracia.

Del Progreso a “los progres”. Capítulo 2

Je, je, je. Me he dado cuenta de que todavía no he opinado sobre “los progres”, que sólo he dicho lo que creo que son, pero no la opinión que me merecen. Suele pasar cuando quieres hablar de un tema sin que te interpreten mal, a sabiendas de que te interpretarán mal. Ya lo dijo Gorgias en tiempos de Sócrates y se dio cuenta Groucho Marx: citadme diciendo que me han citado mal.
He leído hace poco que “los progres” son enemigos de Occidente y de todo lo occidental. Me parece absurdo, porque son occidentales y quizás sean ellos los que definan mejor la palabra Occidente. El problema es que “los progres” no se conforman con lo que son las cosas, sino con lo que tienen que ser y siempre hablan de un cambio, no pueden estar parados, son partidarios de la revolución permanente.

¿Soy progre? No, evidente no. No odio a los estadounidenses, ni siquiera a Bush. No odio al Estado de Israel y no me gustan estéticamente las palestinas al cuello. No admito que se rechace la religión, como no admito que se rechace la ciencia. No creo que seamos pacíficos y que la paz sea posible en todo el mundo y a todas horas, aunque sea un bonito ideal. Y no estoy en contra del capitalismo, aunque sea satanizado a todas horas incluso por los que no creen en Satanás.

Pero antes de dar mi opinión, seguiré matizando algunas ideas, por si acaso alguien las quiere leer.

Me han dicho en muchas ocasiones que la izquierda no son los partidos socialistas europeos, que la izquierda son los que leen a Savater o a Lévi; de hecho estos dos filósofos se consideran de izquierdas, pero de izquierda renovadora, claro. La izquierda siempre tiene que renovarse. Dos filósofos que se han distanciado de los socialistas, tanto de los que gobiernan en España con Zapatero a la cabeza como de los que se oponen en Francia con Segolène Royale à la téte. Realmente, también me parece absurdo. Primero porque no se creo que la gente lea mucho a los filósofos y segundo, porque no por leer a Shakespeare te conviertes en Romeo o Hamlet, por lo que cualquiera puede leer a Savater o Lévi y no sólo la izquierda. Permítanme un inciso. A propósito de leer, no me preocupa que la Educación para la Ciudadanía de Peces Barba diga lo bueno que es el socialismo y lo malo que son los empresarios, porque quien lo estudie, así lo aprenderá, pero con el tiempo podrá cambiar de forma de pensar y darse cuenta de lo que le hicieron aprender. A mí me ensañaron en democracia que Lenin había sido un salvador de la humanidad, pero que lo castigamos como a Jesús, y evidentemente ya no pienso igual. Sólo espero que algunos estudiantes tengan la suerte de encontrar a un profesor, de tener una familia o un grupo de amigos, que son los únicos educadores y no los planes de estudio, que le enseñen a pensar por sí mismo y no por los libros de texto.

Volvamos a la izquierda. Si no creo que “los progres” lean a Savater, tampoco creo que “los progres” tengan las ideas muy claras en cuanto a economía. Es cierto que muchos “progres” son economistas, pero no hablan de economía en serio, como tampoco lo hacen de la política, sino de “gestión económica”, de cómo hacer que el Estado solucione los problemas del mercado. La idea es indicar un “problema” del mercado y buscarle una solución a través del Estado. Y no importa estar del lado del Estado o del Mercado, ser del Ministerio de Economía o ser un Empresario o un Sindicato. Todos aceptan que hay que estar protegidos por el Estado, no vaya a ser que la gente se vaya a la competencia y dejemos de gozar de nuestros privilegios. La izquierda no habla de economía, habla de gestión y de ahí su gran invento del s. XX: el estado de bienestar.


P.D. El próximo día: del marxismo a la socialdemocracia.